viernes, 12 de junio de 2009

PERCEBES A ESGALLA

Me decido finalmente a escribir esta crónica para burla y escarnio de los que finalmente no se quedaron a cenar tras el torneo de Ferrol.

Y la cosa fue, poco más o menos, así.

Comienza la cena a base de los típicos entrantes de andar por casa, que si una croqueta, mira que choricito, tómate un trocito de tortilla, en fin, nada especial ni, por otra parte, fuera de lo esperado. La cosa se alargaba en este preambulo y nada hacía presagiar que algún día alguien escribiría una crónica sobre esta cena, destinada a caer en el olvido con más pena que gloria.

Pero el destino es caprichoso y en contadas ocasiones premia los que creen y así sucedió cuando se acercaron a la mesa dos niñas. Para hacernos una idea diremos que una se apellidaba Covelo y la otra Lusquiños y ya cansadas de la zarzuela de entrantes, revoloteaban entre las mesas dedicadas a sus quehaceres infantiles. Como decía, se acercan estas niñas a la mesa al grito de ¡hay percebes!¡hay percebes! Primera reacción: A ver, que alguien le quite esa botella de vino a las niñas. Pero ellas insistían en su desvarío, jurando y perjurando que los percebes estaban allí y nos los iban a servir. Ante lo obstinado de sus afirmaciones se entabla en la mesa una polemica que empieza poniendo en duda las afirmaciones de las niñas y acaba con cualquier duda acerca de la salud mental de los padres de las criaturas.

Pero he aquí que de pronto entra en la sala un equipo de camareros, que se dirige a las mesas con un número incontable de bandejas cargadas de percebes como carallos de home. Os podeis imaginar la escena, disculpas a las niñas, abrazos de los padres, lágrimas en los ojos, en fin emociones desatadas y alegría incontenida. A partir de este momento todo fue mucho mejor y mejor todavía era que los percebes parecían no acabarse nunca, pues cada bandeja agotada era rápidamente reemplazada por otra nueva, y así hasta que fue imposible dar cuenta de la última que pusieron.

Comprendereis que después de esto carece de sentido hacer mención al resto de la cena, que se correspondía más bien con los entrantes, así que pasaré directamente a la entrega de recuerdos, en la que un representante de cada club salió a decir unas palabras.

En nuestro caso habíamos pensado que saliera Brasi, pero como sabeis no pudo acudir, así que nuestro nunca bien valorado presidente, Don Pedro Covelo, haciendo de tripas corazón, tuvo que dar la cara. Y que cara señores, menuda cara de orgullo y satisfacción la que nos ofreció el presi. No se sabe muy bien si era la alegría que le embargaba o la sobredosis de percebes, lo que hacía casi ininteligible el discurso que ofreció en el olimpo del rugby galaico. Breve pero intenso, sería el mejor resumen de sus palabras, agradecido por la invitación y orgulloso de nuestra participación. Y eso si, Yogui y Tomás en tensión y dispuestos a saltarle a la chepa cuando empezó con las invitaciones, porque nos veían en el Verdugo dando de comer a mil doscientos fulanos.

Acabado el discurso sin que hubiera que lamentar males mayores empezó el baile, amenizado por un grupo que algunos decían que eran los Limones, pero, que importancia puede tener un limón después de haber comido percebes.

3 comentarios:

Pedro dijo...

solo puedo decir que todo es verdad, pero se quedó corto a la hora de contar lo de los percebes.
De hecho Eugenia (niña) quedó encantada, y... de la madre ya no os digo nada.
Por cierto, menos mal que no estaba Massó, porque ya tengo confirmados para el verdugo a 175.827 jugadores, más mujeres e hijos...¡a ver como hacemos!

Bam-Bam dijo...

No me ha gustado la crónica social. ¿Que amigos sois vosotros, que no sois capaces de llenar una bolsita de percebes (así como de 5 Kg.) y dejar a la vuelta en el hogar de algún amigo vuestro de Santiago.
MILO, ME DEBES UNA CAMISETA!!!!

Pedro dijo...

Sí que sacamos bolsas de percebes para todos, pero al día siguiente cojían olor así que decidimos volverlas a papar, para que no las tomaseis en mal estado. ¿ves como nos portamos bien con vosotros? Si lo hicimos por vuestro bien